miércoles, 4 de febrero de 2009

El pasado era mejor ¿o no?

Marcos Algara Siller
Pulso Diario de San Luis - Opinión - 31 de enero de 2009

“Los tiempos pasados eran mejores”. Esta afirmación la hemos escuchado una y mil veces, lanzada a quemarropa de una persona mayor a una menor, donde por lo menos exista de diferencia una generación entera y cuando el de menor edad no tenga memoria viva de los eventos pasados, ya sea porque era muy joven o porque de plano no había nacido. Por otro lado, yo puedo aseverar que la música de los 80’s y 90’s era mejor que la actual. Y claro que puedo hacerlo, pues es la música que me acompañó desde la secundaria hasta terminar la carrera y me evoca momentos tan felices que no puedo más que apreciarla. No significa que ahí terminó mi felicidad, más bien, el brinco de adolescente a adulto es tan importante para cualquier persona, que en mi caso, la música de esa época forma parte esencial de quien soy ahora.
Desde tiempos muy pasados se ha hablado del “mito prístino”, el cual dice que antes, ese antes que ya nadie recuerda, mas que el viejo con buena memoria de la comunidad, las cosechas eran más abundantes, la lluvia generosa, el monte muy verde y no faltaba comida en la mesa. William Denevan, afamado doctor en geografía por la también afamada Universidad de California en Berkeley, profundiza sobre el tema en su libro “The Pristine Myth: The Landscapes of the Americas in 1492” (El Mito Prístino: Los paisajes de las Américas en 1492). Cristóbal Colón, al llegar a este lado del charco del Atlántico, dijo que esta tierra era “el paraíso terrenal”, un paisaje virgen, prístino, natural. Pero Colón también narra que además de la vegetación y fauna, el continente estaba lleno de “indios”. Afirma Denevan que el “mito prístino” es un invento del romanticismo del sigo XIX para atribuirle a los “nativos” una nobleza tal en su relación con la naturaleza que ésta se encontraba en perfecto estado. A partir de la creación de este mito, el “estado natural” o “wilderness” ha sido parte inseparable de la cultura norteamericana y, diría yo, que de todo el continente. Denevan se pregunta si estos nativos americanos no habían ya modificado su entorno. Además de este autor, diversos estudios de la segunda mitad del siglo XX han demostrado que la población de “indios” antes de la llegada de los españoles era numerosa. Esto, por supuesto, había provocado un cambio en el paisaje. Se ha llegado a la conclusión de que los “indios” americanos no habían sido pasivos en su relación con el medio y que en efecto el impacto que provocaron no fue positivo, ni efímero. En 1492, ya existían grandes extensiones de pastizal y sistemas de tierras que los “indios” habían creado, así como campos de cultivo y caminos. Estos elementos no pudieron existir sin provocar impactos en el suelo, hidrología, microclimas y en la vida silvestre. Seguro es que algunos de sus sistemas productivos eran sustentables, pero no todos.
Damos ahora un brinco para atrás hasta la época de los grandes pensadores clásicos, hablo de esa gran época alrededor del año cero. Tenemos, por ejemplo, a Virgilio, poeta romano de la última centuria antes de Cristo, quien dijo que la inteligencia del hombre había permitido cambiar su modo de vida y el paisaje que lo rodea. Claro que tuvo buena escuela porque Platón, unos 300 años antes que el poeta, hablaba de que “las condiciones pasadas” eran mejores y discutió sobre la erosión y la pérdida de humedad en los suelos, es decir, sobre su deterioro. Por su parte, Séneca, consejero de Nerón quien lo condenó a muerte por suicidio en el año 65 dC, insistía en que los males de la civilización los habían provocado las máquinas y que el suelo era más productivo cuando no se le cultivaba, cuando era virgen.
Como podemos ver, siempre hay alguien con suficiente edad o solvencia moral e intelectual que afirma que el pasado era mejor. Ahora, llegamos al meollo de mi reflexión con dos ideas: primero, el mundo está muy mal y cada vez peor (citando a mi amigo apodado Cepillín); o segundo, en realidad todo depende de cómo juzgamos la época que nos tocó vivir y valoramos las cosas de manera parcial. Creo que ninguna de las afirmaciones puede afirmarse tajantemente. Los cambios en la naturaleza son inherentes a cualquier desarrollo del hábitat humano, ya sea sostenible o no. No es posible multiplicarse, como dice el mandato divino, sin proveer de espacio vital para que cada individuo pueda desarrollarse. Es decir, hay que arrasar con la vegetación y disponer de dicho espacio para vivir, para cultivar los alimentos básicos de subsistencia y para realizar el resto de las actividades del individuo durante el resto de su vida. Multipliquemos esto por millones de individuos y por los que están por nacer y obtenemos una imagen poco alentadora. No existe un manual de desarrollo sostenible, donde de la “a” a la “z” logremos un equilibrio entre desarrollo humano y naturaleza. Lo que si tenemos es la responsabilidad de que nuestros hábitos diarios, por más pequeños que parezcan, sean siempre realizados bajo esta premisa sostenible.Aunque no oficialmente, sigo siendo Scout de corazón, y uno de los lemas más importantes de esta filosofía y estilo de vida es el de: “deja el lugar al que llegaste mejor de como lo encontraste”. Suena utópico, pero no importa, más vale ponernos una meta elevada para un tema tan importante.

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